Sigo en este largo tren camino de algún
lugar,
esperando llegue mi parada y ya me toque bajar
y este espigado y ruidoso vagón volver a olvidar.
Con la única compañía de un poco de música
y esas diversas caras estratégicamente colocadas
que esconden cada una su propia aventura,
esas caras diversas que a cada parada cambian
para volver a perderse y encontrar otras nuevas.
Esas miradas perdidas que nunca volverán,
esas palabras prohibidas que no sonaron jamás,
esa sonrisa simpática que ya se me queda atrás.
Entre este eterno y discreto silencio
estropeado por murmullo de unos pocos
y por ese traqueteo de vías y vagones,
apareciste tú entrando en aquella parada
con tu ojos tapados por oscuras gafas
y una cola de castaño pelo bien atada.
Esas miradas perdidas que nunca volverán,
esas palabras prohibidas que no sonaron jamás,
esa sonrisa simpática que ya se me queda atrás
Un intercambio de holas y adioses
y una breve pero perfecta sonrisa
fueron para mi más que suficientes
para efectuar un cambio de destino
he intentar compartir tu camino.
Esa mirada que espero no perder jamás,
esas palabras discretas que nunca dejen de sonar,
esa sonrisa simpática que nunca se me quede atrás
y a mi blando y loco corazón haga cada día palpitar
sabiendo que has querido y este camino hemos
compartido.
No me pidas que me baje de este tren,
no me pidas que te
olvide.
No me pidas que me suba a otro tren,
porque es algo
imposible.
No os asustéis
que no estoy loco, simplemente no me han hecho el examen,
un
grato saludo a mis lectores y gracias por vuestro interés en lo que hago.